{"id":8958,"date":"2026-04-26T22:15:41","date_gmt":"2026-04-26T22:15:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.funcamama.org\/?p=8958"},"modified":"2026-04-26T22:15:42","modified_gmt":"2026-04-26T22:15:42","slug":"que-nos-ensena-el-nino-que-fuimos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.funcamama.org\/?p=8958","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 nos ense\u00f1a el ni\u00f1o que fuimos?\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><em>Las personas estamos hechas de recuerdos. Nuestra mente se escapa de forma constante a ese ba\u00fal en el que se contiene nuestra historia. Los recuerdos de la infancia moldean la vida adulta y la memoria familiar.<\/em><\/strong>\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las creencias m\u00e1s arraigadas del mundo adulto es la idea de que haber crecido en la misma casa, con los mismos padres, garantiza una infancia compartida, pero resulta que no es as\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hay recuerdos que si los evocamos pensando en las vivencias con nuestros padres y abuelos pueden ser comunes para todos los miembros de la familia. Sin embargo,&nbsp; todo cambia si desplazamos la perspectiva hacia nuestras vivencias de ni\u00f1os, por ejemplo, tomando la experiencia de quien piensa su vida adulta a partir de la casa en la que creci\u00f3. Porque el hogar es algo profundamente subjetivo y funciona como punto de partida para abordar una historia m\u00e1s compleja sobre la vida y las expectativas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LAS CASAS Y LA MEMORIA AFECTIVA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cada casa narra su propia historia como testigo de pasiones, conflictos, decadencias y transformaciones a lo largo de generaciones. <strong>All\u00ed, los objetos y los espacios no son neutros: portan memoria y afectos sedimentados en el tiempo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los recuerdos de las casas donde crecimos ocupan un lugar singular en la memoria. En algunas quedan marcas visibles: los viejos muebles o cuadros, la m\u00e1quina de coser de la abuela, un reloj de pared, el \u00e1lbum de fotos, juguetes que se heredan, en fin, los objetos que sobreviven a quienes los usaron. En otras casas, hay hechos extremos y dolorosos que dejan otro tipo de huellas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero aun cuando los hermanos hayan vivido bajo el mismo techo, compartido escenas similares, los recursos subjetivos, la forma de resaltar un acontecimiento y no otro, o la sensaci\u00f3n que dej\u00f3 un hecho pueden ser radicalmente distintas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>BIOGRAF\u00cdAS NO COMPARTIDAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es muy frecuente en las consultas de terapia familiar, que los hermanos se molesten porque uno no recuerda algo que para otro fue decisivo, o que un acontecimiento vivido como tr\u00e1gico por uno resulte irrelevante para otro. No se trata de indiferencia ni de negaci\u00f3n, simplemente no ocuparon el mismo lugar en la experiencia de cada quien. La infancia no es un hecho biogr\u00e1fico compartido. Es una posici\u00f3n subjetiva singular en la trama de la historia familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada hermano nace en un momento distinto del deseo de los padres y ocupa un lugar propio en la estructura simb\u00f3lica familiar. Ese lugar no es solo una proyecci\u00f3n del deseo parental: est\u00e1 ya anticipado por una historia, sombras, expectativas, duelos, mandatos, lealtades y exclusiones que lo preceden. La identidad se construye de manera singular donde cada ni\u00f1o se posiciona frente a ese lugar que lo antecede. Por eso, aun con los mismos padres y bajo el mismo techo, la infancia nunca es la misma.<\/p>\n\n\n\n<p>En toda familia hay episodios dram\u00e1ticos, a veces violentos, muchas veces invisibles, tambi\u00e9n inconscientes, que asignan lugares. No todos los hijos cargan con las mismas responsabilidades emocionales ni sostienen las mismas funciones, ni son deseados de la misma forma.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>EL LUGAR DE LA INFANCIA EN LA HISTORIA FAMILIAR<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cada cual ocupa un lugar en la historia familiar. Y eso no es algo que se pueda modificar, puede comprenderse. Comprender desde qu\u00e9 lugar habla cada uno, desde d\u00f3nde mira, desde d\u00f3nde tuvo que arregl\u00e1rselas y desde d\u00f3nde se entristece o se alegra, Lo m\u00e1s recomendable es que esto lleve a la b\u00fasqueda de nuevos movimientos para recuperar el orden, la armon\u00eda y reconciliarnos con la vida. Porque lo que no se gestiona ni se reconcilia tiende a repetirse de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta no es si hubo amor o cuidados materiales suficientes, sino qu\u00e9 lugar tuvo cada ni\u00f1o en la trama afectiva y qu\u00e9 hizo con eso. Conocer ese lugar es reparador y muchas veces preventivo de dolores futuros.<\/p>\n\n\n\n<p>La infancia es una experiencia marcada por el lugar que a cada ni\u00f1o le toca ocupar. Las casas, reales o simb\u00f3licas, guardan esas marcas. Son testigos mudos de lo que se dijo y de lo que no pudo decirse, de los cuidados ofrecidos, de las soledades, de los desamparos y tambi\u00e9n de los momentos bellos e inolvidables.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe preguntarse, entonces, qu\u00e9 queda de la infancia en el adulto y cu\u00e1nto inciden en las contingencias de la historia por venir. Trabajar sobre esto desde temprano no es negar ni corregir la historia que nos origin\u00f3, sino\u00a0 hacer algo transformador con ella y apropiarsela\u00a0 de un modo m\u00e1s amoroso y sanador y poder narrarla. Escribir esta parte de nuestra historia es una poderosa herramienta terap\u00e9utica, una\u00a0 tarea que, por cierto, forma parte del m\u00f3dulo Autobiograf\u00eda en la formaci\u00f3n de nuestra querida escuela Ecosic.\u00a0 Escribir nuestra autobiografia, desde una mirada sist\u00e9mica, nos ayuda a volver al ni\u00f1o que fuimos para recuperar el lugar de nuestra infancia en la historia familiar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Por Arnaldo Rojas<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Las personas estamos hechas de recuerdos. Nuestra mente se escapa de forma constante a ese ba\u00fal en el que se contiene nuestra historia. 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